lunes

... lo dejo todo


Las cosas cambian y no acierto muy bien a entender en qué punto se producen esas transformaciones que hacen dar un giro a tu vida, a tus sentimientos y a tus emociones. ¿Cuál es la palabra, el instante o el momento en que lo que fue perfecto pasa a ser desconocido? Mírame, aquí estoy buscando respuesta, buscando nuestra respuesta. Obsesionándome contigo hasta tal punto que olvido mi vida. No te culpo, supiste jugar bien y eso siempre tiene su recompensa; supiste cuáles son mis puntos débiles, mis manías; supiste escucharme cuándo más te necesitaba; supiste ganar(me) cuando menos ganas de victorias tenía… ahora ya no queda nada de eso… no queda ni un rastro de lo que fue. Qué lástima porque era muy bonito… era precioso. Ahora viene lo más duro, ahora toca fingir que nunca estuviste aquí; toca cruzarnos por la calle y no mirarnos. Hemos llegado a un punto en el que somos auténticos desconocidos y, sin embargo, hemos vivido tantas cosas juntos que tengo tu piel grabada sobre la mía. Tantos besos, tantos abrazos, tantas promesas cogidos de la mano… tantas sábanas arrugadas y tantos amaneceres juntos… tantas cosas que jamás volverán. Seguiré saliendo una vez a la semana sólo por “encontrarte accidentalmente” mientras todos miran… sólo por si un día decides que quieres volver a jugar entre sábanas y despertarte a mi lado con los primeros rayos de sol… y cantarme al oído esa que decía “Si tú me dices ven…”

miércoles

Magdalena

- ¿Habrá que decirle algo? No la podemos dejar así.
- ¿Por qué no? Ya es mayorcita.
- Pero es que... me da pena. Mírala, es tan frágil... no sabe que hace, estoy segura.

Y allí estaba ella, con sus pantalones de cuero, su camisa de lentejuelas pasada de moda y unos tacones que manejaba con tanta facilidad y familiaridad que cualquiera pensaría que nació con ellos puestos. Cada poco va al baño. Se retoca el maquillaje; primero, perfila sus labios y luego pasa el lápiz negro por sus ojos color miel. Se alborota el pelo y abusa del colorete en sus pequeñas mejillas. Se mira en el espejo, no se gusta, pero se siente especial. Es su noche, lo sabe, es su noche. Entonces, saca de su mini-bolso gris una cajita con forma de corazón de color rojo, la "cajita de la felicidad", como ella la llama y una tarjeta de crédito desgastada por el mal uso... por uno segundos pierde la noción del tiempo y del espacio, pero ya está, ya es feliz...

Vuelve al centro de la pista, más confiada, más segura... pero con un poquito menos de vida. Pide siempre lo mismo para beber, un Malibú con piña (es que en el fondo tan sólo es una cría) y comienza a analizar el lugar, mientras enciende un cigarrillo. Busca con la mirada, con su mirada insinuante, provocadora, hasta que consigue lo que quiere... (ya está, ya no duerme sola esta noche. Ya tiene unos brazos sobre los que caer). Tras cinco o cuatro copas más y unos cuantos chupitos sabor-a-nada (para caldear el ambiente, ya se sabe) él paga la cuenta y ella, intentando mantener el equilibrio ("malditos tacones" piensa ahora) se coloca su abrigo y se dirigen a la calle.

- ¿Con quién se va?
- A saber, seguro que no sabe ni como se llama. Esta chica es una fresca, acabará mal, fíjate lo que te digo.


No sabe dónde va, ni si el tio en cuestión le gusta o no, tampoco que pasará cuando lleguen a su destino. Sólo sabe que, mañana cuando despierte, no estará sola... se sentirá querida, deseada. Y es que muy pocos saben ver que es la soledad lo que la está matando y que necesita unos brazos donde, por unas horas, poder refugiarse.


Cuando llegue a casa, ya tendrá tiempo de llorar... tiempo hasta que vuelva a colocarse sus tacones, pintar su delicada cara y salir... a buscar esos brazos que tanto necesita.

No es sólo un cuento

Trata de como cambia la vida. Como hay decisiones que pueden marcarte para siempre. Trata de oportunidades perdidas. No es una historia triste, no, es más bien una historia melancólica. A veces le invade una profunda nostalgia por aquello que pudo y nunca pasó. A veces llora al recordar lo cerca que estuvo de conseguir aquello que ahora anhela. Sabe perfectamente como y cuando cambió todo (claro que lo sabe, él mismo lo provocó). Decidió seguir el camino equivocado, aún estando bien señalizado. En ese momento, no pensó en las consecuencias, sólo se dejó llevar. Comenzó a arriesgar, más y más, comenzó a deshacerse de aquello que, durante años, le había acompañado fielmente. Se sentía feliz, libre, sin cargas, sin responsabilidades... sin darse cuenta del daño que estaba haciendo (y si llegaba a darse cuenta, no le importó, cada vez seguía adentrándose más por ese camino).

Hoy, cuando mira atrás, se da cuenta de esas consecuencias. Hoy está pagando el peaje por ese camino prohibido. Sabe que nada volverá a ser lo de antes, sabe que él es el único responsable. Vive de sueños, de palabras perdidas y miradas falladas. Imagina su vida si hubiera decidido cambiar de camino y llega a darse cuenta de lo feliz que habría sido. Lo distinto que sería ahora todo... se ha perdido tantas risas, tantas alegrías...


Hoy está pagando el precio de vivir sin ella... hoy se ha dado cuenta que fue él quien la dejó atrás... que ella si le esperó en el otro camino... pero que ya es tarde.

domingo

Beber de ti sin que duela


Quiero mirarte y sentir que muero por ti. Quiero que te acerques y comenzar a temblar, a tartamudear. Quiero que me roces y el mundo se pare, que se me corte la respiración. Vivir toda la vida a tu lado, compartir sueños, experiencias, sentimientos. Perderme en el mundo que me ofreces con cada palabra y, juntos, descubrir aquellos lugares de los que tanto hablamos. Saber qué significa ser feliz por primera vez en mi vida, saber qué significa que alguien te desee por encima de todo. Te observo y eres tan perfecto que asustas… Tienes todo lo que se puede pedir, eres capaz de romper el hielo con un parpadeo, con un solo movimiento de pestañas… He estado toda la vida buscando aquello que solo tú tienes, buscando alguien que escuche y entienda como lo haces tú. Que me mime y me regale el cielo cada noche. Que sea capaz de parar el universo y brindármelo a mis pies. Que convierta cada atardecer en una obra de arte. Eres perfecto ¿Te lo he dicho ya? Quiero despertarme cada mañana y ver tu cara, dormido, con el pelo revuelto y tu barba. Quiero comerte entre risas, y llorar de alegría a tu lado. Quiero abrazarme a ti y darme cuenta de que eres real….


Quiero quererte como me quieres tú… (pero no puedo y, créeme, lo intento)


jueves

Derroche de amor

- ¿Quieres que te acompañe a casa? Me gustaría pasar un rato contigo

- Está bien, además estoy sola, si quieres puedes subir.


Antes de que pudiera darse cuenta y llegar a cerrar la puerta, él se abalanzó sobre ella y la empujó contra la pared. Comenzó a besarla… primero por el cuello, después los labios mientras sus manos recorrían todo su cuerpo. (“No pares” pensaba ella, “no pares”) En ese momento, la pared formaba parte de ellos, eran tres disfrutando, tres sintiendo experiencias nuevas, tres aprendiendo a amar. Se miraron, sin mucho que decir, pero se miraron de tal forma que un escalofrío recorrió todo su cuerpo.


- Ven, pasemos a la habitación. Estaba deseando que esto pasara.

- Calla, no digas nada, solo disfruta.


Y allí, sobre la cama, el la despojó de sus ropas, siguió besándola esta vez por todo su cuerpo, desde su frente hasta su cintura, haciendo que su respiración se acelerara, haciendo que ella perdiera el sentido, la orientación… Hicieron el amor con tanta pasión, con tanta locura que casi, inconscientemente, quiso susurrarle un “Te quiero”. El le descubrió sentimientos que ella tenía ocultos, le hizo sentir cosas que desconocía… Le sujetaba fuerte las manos, como para evitar que se escapara, sin embargo ella era incapaz de moverse, no era capaz de controlar su propia respiración, sus gemidos, sus movimientos se mezclaron con las luces que a través de los cristales dejaba entrar la ventana, donde la gente pasaba ajena a lo que estaba aconteciendo entre aquellas paredes. Como colofón final de aquella banda sonora, el esgrimió un quejido y entonces se dejó caer a su lado, rodeándola con su brazo y acercándola hasta su pecho.


- ¿Te quedarás?

- No, es mejor que me vaya, vamos a dejarlo así. Ya nos veremos.

- Si tú lo dices está bien.


Pero no estaba bien, desde entonces cada día sigue esperando volver a encontrarse con él… por si quiere volver a acompañarla a su casa, esta vez, aunque no esté sola.



miércoles

Imposible

Y es que es tan difícil encontrar el equilibrio… tan difícil asumir que ya no estás, que nunca estuviste… que todo vuelve a empezar. Sigo teniendo la misma sensación cuando paso por el lugar en que tus ojos y los míos se cruzaron por primera vez. Puedo recordar tantas cosas, tantos detalles minúsculos que, a veces, me asusto. Contigo cree un mundo, imaginé mi vida, construí un futuro… contigo he tenido que destruirlo todo y créeme, ha sido doloroso. Son tantos los instantes que nunca pasaron, los detalles que nunca tuvimos, tantas las imágenes que vi a través de tus ojos que me cuesta diferenciar entre realidad-sueño.

He dejado de espiarte, he dejado de controlar tu vida, he dejado de pertenecer a ella (bueno, en realidad, nunca pertenecí). Lo que para ti era un juego, una noche, para mi fue una ilusión… Lo que para ti era una mirada mas, para mi era un mundo…. Lo que para ti eran simples palabras, para mi era una vida. Y dime, ¿Ahora qué hago con todo esto? ¿Cómo se puede renunciar a algo que nunca has tenido? ¿Cómo se borran los recuerdos?

Infancia eterna

Se ha negado a creer… ¿No la veis? ¿No sentís toda la belleza de una niña de 6 años en su mirada? No quiere madurar… piensa seguir toda su vida en su mundo de NuncaJamás… allí es fuerte, allí nada le hace daño, allí es ella misma. Sin embargo, sabe que algún día deberá madurar, asumir los cambios, cambiar las locuras por responsabilidades… sin embargo, es tan doloroso. Duele tanto ver como todo su mundo cambia y ella se niega a aceptarlo, no, no quiere crecer. ¿Por qué tiene que hacerlo? No quiere perder esa inocencia, no quiere ver más allá de los juegos, no quiere hacer sufrir (ni que le hagan daño), simplemente quiere quedarse así....


Y es que quiero crecer sin que me duela...

sábado

Toda una vida


Recuerdos, recuerdos, recuerdos… recuerdas cuando te dije eso de “ No dejes de caminar a mi lado”. Necesito un punto de apoyo, una referencia, una cuerda sobre la que caminar; necesito algo (alguien) que me levante cuando tropiezo y caigo, que me de esas palmadas en la espalada y me diga “Tranquila, con el tiempo se curará”… vale, dejará de doler y se curará, cicatrizará, pero… ¿Seguirás a mi lado, no?

Promesas, promesas, promesas… ¿Te acuerdas cuándo te prometí no separarme de ti? Lo sigo cumpliendo… me cuesta, a veces duele y otras me olvido de ello, pero por alguna extraña razón, lo recuerdo cuando más lo necesito. Es como una voz en off que siempre aparece en ese precioso momento, cuando crees que la (mi) película ha terminado… cuando creo que te he perdido, cuando creo que todo ha cambiado… cuando pasa eso vuelve mi voz en off.

Quizás son recuerdos y promesas, quizás es eso lo que nos une… es tan bonito que no hace falta explicarlo. Te miro y lo sé; me miras y lo sabes. He sido capaz de adivinarte el pensamiento, he sido capaz de involucrarme tanto en tu vida que a veces no encuentro ese límite, la frontera que me indique dónde comienza mi vida y donde acaba la tuya. No me importa, no tengo secretos… y aunque los tuviera, acabarán siendo tuyos. Tengo tantos recuerdos y tantas promesas esperando que he sido capaz de hacer un pacto con el tiempo, un pacto que me permita vivir siempre a tu lado… ya sabes, para seguir construyendo recuerdos y promesas ¿Estás preparada?

Te echo de menos

" Nos queda tanto por decir... nos dejarán llegar al final mientras no nos preocupe ganar... "

Y es que a mi me quedaron tantas cosas que decirte… tantas promesas que recordarte… Pero te fuiste, te alejaste. Aún no sé cuándo, ni por qué… ni qué cambió. Hice todo lo que me pediste, sobrepasé el límite que yo misma me había impuesto ¿Para qué? Para volver a ver como te ibas, como me dejabas aquí sin importarte si estaba bien o si estaba mal. No estuvo bien, no.

Ahora que todo ha acabado (que tú decidiste acabarlo) me he quedado vacía de ti pero llena de preguntas, de respuestas… de necesidad de explicaciones que no debería pedirte (por eso mismo no lo hago). Me dejaste ahí, sola, sin dejarme hablar… sin dejarme decirte aquello que ahora me mata por dentro. Tenía tanto que darte… más de lo que imaginas, más de lo que, en tan poco tiempo, nadie se atrevería a darte. No sé si lo merecías o no, durante un tiempo pensé que si, pero ahora lo único que sé es que tú estás allí y yo sigo aquí esperándote; sigo esperando que vuelvas, que me digas que todo fue un error, que quieres volver a mirarte en mis ojos, a volver a temblar cuando me tienes cerca, a volver a cogerme de la mano cuando todos miran y besarme la frente diciendo aquello de “Estás tan guapa que no puedo evitar cogerte”.

Vuelve que no importa el pasado, vuelve y miremos al futuro… pero sino, quédate allí y no vuelvas… deja que mi presente siga solo… sin ti... no me dejes esperándote como hasta ahora.

domingo

Mentiras que son de verdad

Llévate tus NoMeOlvides, tus ParaSiempre y todas tus Promesas que yo hoy no las necesito.

Hoy no necesito nada de ti, hoy puedes alejarte que no me quedaré llorando ni suplicando que vuelvas.

Hoy ya no me duele que me des la espalda.

Miento, si me duele, y además muchísimo, pero hoy ya no quiero darte el capricho de que me veas sufrir, hoy ya no quiero perder ni un segundo de mi tiempo en ti… y es que hoy me he dado cuenta de que no eres el p r í n c i p e que yo esperaba…. me he dado cuenta de que no eres nada... miento, no eres ni eso.



De fondo: "Con dos camas vacías", María Jiménez por Sabina