jueves

Derroche de amor

- ¿Quieres que te acompañe a casa? Me gustaría pasar un rato contigo

- Está bien, además estoy sola, si quieres puedes subir.


Antes de que pudiera darse cuenta y llegar a cerrar la puerta, él se abalanzó sobre ella y la empujó contra la pared. Comenzó a besarla… primero por el cuello, después los labios mientras sus manos recorrían todo su cuerpo. (“No pares” pensaba ella, “no pares”) En ese momento, la pared formaba parte de ellos, eran tres disfrutando, tres sintiendo experiencias nuevas, tres aprendiendo a amar. Se miraron, sin mucho que decir, pero se miraron de tal forma que un escalofrío recorrió todo su cuerpo.


- Ven, pasemos a la habitación. Estaba deseando que esto pasara.

- Calla, no digas nada, solo disfruta.


Y allí, sobre la cama, el la despojó de sus ropas, siguió besándola esta vez por todo su cuerpo, desde su frente hasta su cintura, haciendo que su respiración se acelerara, haciendo que ella perdiera el sentido, la orientación… Hicieron el amor con tanta pasión, con tanta locura que casi, inconscientemente, quiso susurrarle un “Te quiero”. El le descubrió sentimientos que ella tenía ocultos, le hizo sentir cosas que desconocía… Le sujetaba fuerte las manos, como para evitar que se escapara, sin embargo ella era incapaz de moverse, no era capaz de controlar su propia respiración, sus gemidos, sus movimientos se mezclaron con las luces que a través de los cristales dejaba entrar la ventana, donde la gente pasaba ajena a lo que estaba aconteciendo entre aquellas paredes. Como colofón final de aquella banda sonora, el esgrimió un quejido y entonces se dejó caer a su lado, rodeándola con su brazo y acercándola hasta su pecho.


- ¿Te quedarás?

- No, es mejor que me vaya, vamos a dejarlo así. Ya nos veremos.

- Si tú lo dices está bien.


Pero no estaba bien, desde entonces cada día sigue esperando volver a encontrarse con él… por si quiere volver a acompañarla a su casa, esta vez, aunque no esté sola.