
Ven, quiero proponerte algo... es un viaje, una escapada, una huida. El destino es una Isla que he construido para los dos. No te puedo decir dónde ni cómo se llega, para eso deberás venir conmigo. ¿Qué te parece? Puede que mi Isla no te parezca muy bonita, ni muy cómoda, pero yo me encargaré de hacer que nada perturbe nuestra estancia. Sin embargo, esta Isla también tiene algunos inconvenientes; no habrá mucha comida, pero no me importa porque pienso pasarme la vida entera devorándote; tampoco hay electricidad... no, no tenemos luz, pero eso tampoco es un problema porque el brillo de tus ojos es tan fuerte que se podría iluminar toda una ciudad. Cuando nos aburramos, me dedicaré a contar todos los lunares de tu cuerpo, uno a uno, una y otra vez, y cuado haya terminado empezaré de nuevo hasta que sea capaz de hacerlo con los ojos cerrados. Tú puedes hacer lo mismo, creo que sería un juego divertido. Los días de lluvia o nublados soplaré al cielo, soplaré tan fuerte que seré capaz de hacer desaparecer todas las nubes; lo mismo ocurrirá los días en que el sol tome la Isla, sólo que en este caso yo seré tu sombra, tu escudo... tu protección. Quizá no es el mejor lugar para pasar el resto de nuestros días (¿No te lo dicho? Una vez allí no podemos regresar) pero me esforzaré tanto que acabarás por ver mi Isla como el mayor de los castillos y yo... yo seguiré esforzándome y soñando con ser tu princesa.
Y es que todo esto es lo que necesito para ser feliz... y es que sólo te necesito a ti.
Y es que todo esto es lo que necesito para ser feliz... y es que sólo te necesito a ti.
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