domingo

Ilusiones

Para ella era un día más, un día normal; para nada iba a ser el mejor día de su vida, pero tampoco el peor. Era simplemente un día normal. Pero se levantaba tan feliz que cualquiera diría que, en su interior, iba muriendo un poco cada mañana... Iba por la vida cantando y tarareando esas canciones de niña pequeña, de épocas mejores, de cuando realmente si era feliz. El brillo de sus ojos no era, sin embargo, producto de la alegría, sino que era una mezcla de restos de lágrimas y temor, pero tenía tanta facilidad para disimular que nadie lo apreciaba. Al andar, y seguir cantando sus canciones, acompañaba esa melodía con pequeños saltitos signos evidentes de alegría, de júbilo... signos evidentes de autodefensa. Cuando le preguntaban por él, siempre contestaba lo mismo:

-Ah él?! Pues la verdad hace mucho que no sé de él, pero imagino que le irá bien, como siempre....

Era tan fuerte, tan fuerte que muchos pensaban que era de piedra, que no sentía, que se reía de todos los problemas y dificultades que le ponía la vida por delante. Sin embargo, muy pocos sabían que lo que realmente le pasaba es que un día, esta mujer tan fuerte y valiente, decidió coger sus sentimientos y guardarlos en una cajita de plata, ahí, junto con los recuerdos que quería proteger, junto a las cosas que no quería olvidar. Esa cajita la depositó en algún lugar, enterrada, donde nadie pudiera verla, como un niño que quiere proteger el mejor de sus juguetes, el mayor de sus tesoros.... puesto que, para ella, eso eran sus sentimientos; un tesoro que proteger.

Después de oir hablar de él no podía evitar tener esa sensación en el estómago... es como un nudo que hace que, por unos instantes, te olvides del mundo y sólo puedas concentrarte en ese maldito nudo. Sentía como moría por dentro, como se estaba rompiendo, como en su pecho algo se tensaba. En esos momentos prefería alejarse, con alguna excusa, y allí, sentada en el suelo del cualquier lugar, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas, rompía a llorar. Lloraba con tanta fuerza que, de vez en cuando, tenía que levantar un poco la cabeza para tomar algo de aire pues el llanto llegaba ahogarla. Cuando volvía en sus ojos se reflejaba la angustía pero, como seguía sabiendo disimular muy bien, siempre tenía una excusa preparada para que nadie sospechara, y nunca nadie sospechó absolutamente nada.

Si ellos supieran que cada mañana pasaba horas y horas mirándose frente al espejo, poniéndose tan guapa que cualquiera diría que iba a una fiesta, ensayando caras que ni ella misma sabía que signifiban, miradas y risas falsas.... conversaciones absurdas, pero que por momentos la hacían eternamente feliz. Y todo esto, ¿Para qué? Simplemente por cruzarse dos segundos con él, por un cruce de miradas perdidas.... e incluso los días de suerte (que eran pocos la verdad) para poder intercambiar un - Hola, ¿Qué tal todo? - Se sentía tan pequeña a su lado... no era capaz de decir nada. Es como si algo se apoderara de ella y la paralizara por completo. Ni siquiera era capaz de mirarle a los ojos, tenía su mirada clavada en el suelo o en cualquier parte menos en sus ojos (no me mires así, que me puedes, pensaba ella siempre) y se dedicaba hablar de cosas sin sentido, de cosas absurdas y a repetir todas y cada una de las palabras que él decía. Cuando se alejaba de ella, de repente se le venían a la mente mil cosas que preguntarle, mil temas sobre los que hablar, mil aficiones que inventarse.... y entonces los apuntaba mentalmente para que en su próximo encuentro no se le olvidaran. Aunque era inútil engañarse, pues cuando se volvieran a encontrar, otra vez le volvería hablar de esos temas sin sentido, de esos temas absurdos y a repetir todas sus palabras.

Así terminaba el día... y así, mañana, volvería a empezar uno nuevo, un nuevo día en el que el principal pensamiento seguía siendo él... Sabía que se acostaría pensando en él... que a media noche se despertaría imaginando que lo tenía a su lado y abranzando una silueta imaginaria. Soñando con él... recordando el día que lo tuvo entre sus brazos y maldiciendo el momento (aún no sabe muy bien cuándo fue) en que se alejó de ella llevándose sus promesas y sus VolveremosAVernosPronto. Ahora eran dos simples desconocidos o dos personas que no tenían nada de que hablar... pero ella se moría de ganas de decirle todo lo que sentía por él, de prometerle una felicidad eterna, de cuidarlo... se moría de ganas por ser su vida. Sin embargo... seguía esperando a que sus caminos se volvieran a cruzar, seguía esperando que él volviera y le repitiera eso de - Llévame dónde quieras - seguía esperando.... y mientras esperaba notaba como cada día dejaba de existir poco a poco.... como el tiempo le ganaba una partida que jamás pensó que llegaría jugar.

y es que intento odiarte por todo lo que haces y no me sale...